Un hombre que prefiere ahorrar en sus viajes de trabajo alquiló un sedán estándar en una empresa de alquiler de vehículos. Antes de salir a la carretera, decidió echar un vistazo a la guantera para guardar sus mapas de carretera y el GPS. En el interior, junto con el manual del propietario y unas servilletas olvidadas, encontró un viejo libro encuadernado en cuero, sin ninguna marca que permitiera identificar a su dueño. Estuvo a punto de tirarlo, pensando que era una lectura barata y olvidada, pero un inusual grabado en el lomo hizo que lo conservara.
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De vuelta en su hotel, decidió examinar el libro con más atención. Resultó ser una edición original de una colección de cuentos de un famoso escritor del siglo XIX, con una variante de encuadernación poco común que no aparece en los catálogos bibliográficos de referencia. El hombre, que no se considera un experto en antigüedades, decidió seguir su instinto y consultó a un tasador profesional. Los especialistas confirmaron que el libro tenía un importante valor cultural y comercial, y que su estado, a pesar de los años, podía calificarse como «bueno». Lo más sorprendente fue que, según los documentos, el anterior arrendatario era un turista extranjero que ya había salido del país y era imposible localizarlo. Además, el contrato de alquiler no mencionaba nada sobre el contenido del habitáculo.
El hombre decidió no sacar el hallazgo a subasta pública, sino ofrecérselo a un museo local. «Claro que la tentación de vender el libro a un coleccionista privado era grande —comenta—, pero sabía que un ejemplar como este debía estar al alcance del público». Tras unas breves negociaciones, el museo aceptó comprar el hallazgo. Aunque no se ha revelado la cantidad exacta, fuentes cercanas al asunto aseguran que se trata de una suma considerable, que supera con creces el coste de una semana de alquiler del coche.
Los representantes del museo confirmaron la autenticidad de la adquisición y señalaron que el libro ocupará un lugar destacado en su exposición dedicada a la literatura del siglo XIX. «Es un magnífico ejemplo de cómo valiosos artefactos históricos pueden pasar años viajando por los lugares más inesperados, esperando simplemente su momento», declaró un conservador. El hombre admite ahora que, de ahora en adelante, revisará minuciosamente cada rincón de cualquier coche de alquiler antes de ponerse al volante. «La mayoría de la gente espera encontrar algunas monedas o unas gafas de sol olvidadas debajo del asiento —añade con una sonrisa—. Yo me topé con un verdadero tesoro literario».
Esta historia sirve como recordatorio de que, a veces, los hallazgos más valiosos aparecen donde menos se los espera. A diferencia de las famosas subastas de contenedores donde la gente compra deliberadamente un «gato encerrado», aquí la suerte no le costó al hombre ni un solo céntimo de inversión inicial. ¿La principal lección que aprendió? Siempre revisar la guantera, incluso cuando uno está seguro de que está vacía.
